sábado, 18 de agosto de 2018

EL LIDERAZGO FORMA CONVICCIONES


La convicción en el liderazgo es fundamental. Es la confianza de estar seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando en el momento no se pueda ver. Es la seguridad que tiene una persona de la verdad o certeza de lo que piensa o siente. Es algo más que convencimiento. Una persona convicta sabe perfectamente lo que hace y por qué lo hace. Un líder que no tiene convicciones firmes pone en juego su estabilidad de trabajar con personas, e incluso, con el tiempo hasta podría fracasar en sus proyectos personales. Pero eso se va aprendiendo. Nadie nace con convicciones firmes. Un niño es voluble e inconstante hasta la adolescencia. Luego, un joven lo es cuando no sabe manejar sus emociones o ignora algunas herramientas de gestión. En la edad adulta, si ello no se aprendió, aunque tenga varios títulos universitarios o hable 50 idiomas, no tendrá un carácter con dominio propio y se dejará convencer por cualquier opinión.

En el liderazgo, las convicciones se van formando y se perfeccionan en la edad adulta con la ayuda, en este caso, del conocimiento académico, experiencia de la vida y criterios de otras personas. Todo este cúmulo, el líder lo toma y saca conclusiones personales. Las convicciones se van formando en la vida. De ahí que la madurez se adquiere con el tiempo.
Por eso decimos que una de las características del liderazgo son las firmes y reales convicciones. ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué es lo que motiva a un líder?
Cuando hablamos de convicciones es referirnos a la integralidad de la persona. No siempre a un líder lo motiva el querer hacer lo correcto. En estos tiempos cambiantes, donde lo único absoluto es el cambio mismo, la relatividad juega un rol muy importante en la sociedad.
Cuando la integridad es la base del liderazgo, apreciaremos que la actitud del líder se reflejará en su estilo de vida frente a los diversos hechos que se presentan. La persona debe tener firmes convicciones para no dejarse llevar por comentarios e influencias ajenas. Lo real es lo que existe y, por lo tanto, eso se debe reflejar en la toma de decisiones y posturas que adopta el líder. Una persona íntegra es candidata natural para convertirse en una persona con convicciones firmes y por lo tanto en un líder.
Es notorio cuando una persona que está en un puesto de autoridad se deja llevar por cualquier sugerencia, comentario o consejo de los demás. Cualquier viento la puede llevar hacia posiciones erróneas.
El tener posiciones firmes la mantienen en los principios y valores que alimentaron sus creencias y sus conocimientos. Una persona que desde niño le enseñaron a respetar a los demás, lo hará también cuando llegue a ser mayor. El líder no debe cambiar de opinión de acuerdo con las circunstancias. Por eso decimos que el buen líder motiva con su ejemplo y servicio. En la actualidad hay muchos modelos de liderazgo, pero aquel que deja huella, que transciende, definitivamente es el liderazgo del servicio. El adagio popular dice: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Cuánta razón hay en el dicho popular.
Suscribimos que el liderazgo no es algo que se adquiere por naturaleza y viene con la persona, es algo que se aprende en el camino. Una persona puede nacer con ciertas habilidades que podrán hacer más fácil el aprendizaje, pero hay que aprenderlo. Nadie nace honesto, generoso y servicial, esas virtudes se aprenden y se forjan en el hogar.
Cuando un “líder” se deja llevar por prejuicios o comentarios de terceros, no sólo daña la vida de los otros, sino también su propia vida. En el liderazgo de firmes y reales convicciones, la persona siempre tiene un proyecto en la mente, pero al mismo tiempo, una visión de lo que quiere que sea el proyecto. También, si se equivoca, sabe lo que tiene que hacer.
Un líder con convicciones sabe qué hacer cuando se equivoca. No siempre una “disculpa” es válida. Por encima de todo está el “perdón”. Perdonar implica olvidar. Algunas veces he escuchado la frase: “Yo perdono, pero no olvido”. Eso en la vida significa no haber perdonado. Precisamente, perdonar es olvidar. Si una persona no está preparada para aceptar la realidad, aún está en el proceso de aprendizaje.
Para el líder con convicciones, su palabra vale. Ahora que se ha perdido tantos valores y principios morales, surge la necesidad de encontrar hombres y mujeres con fibras morales inamovibles. La palabra vale y se debe cumplir lo que se promete y ser responsable con lo que se ha dicho.
El liderazgo en el presente siglo es un conjunto de virtudes y actitudes que se aprenden para influenciar positivamente en las personas, superar limitaciones y alcanzar retos en los tiempos señalados.
Desde esta perspectiva, el liderazgo es algo especial que influencia en los demás. El liderazgo no es un estilo foráneo que se adopta, ni frases que se aprenden. Está impregnado en la persona misma y relacionada con su carácter y su estilo de vida. Es natural. El liderazgo está basado en el ejemplo, por un lado, y en el servicio por el otro.
Un verdadero líder está al servicio de los demás. En realidad, es un servidor. Los buenos y exitosos generales no son los que desarrollan una excelente estrategia de guerra para la victoria en un gabinete o escritorio, sino aquellos que van al frente de su tropa y el pelotón lo sigue, dándose en “alma, cuerpo y vida”, porque su general y líder está adelante. Obviamente que hay diversas estrategias y tácticas, pero el líder va adelante dando el ejemplo y está al servicio de todos.
Insistimos en algo. Al líder no lo hace el estatus social, jefatura, fama y menos el dinero. El líder está al servicio de los demás y es el ejemplo para seguir. El verdadero liderazgo implica el servicio hacia los demás. Es decir, sacrificio para ser comprendido y entrega desinteresada, sin esperar nada a cambio.

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