viernes, 8 de mayo de 2026

LIDERAZGO Y REPUTACIÓN EN LA COMUNICACIÓN SOCIAL

Liderazgo y reputación son dos palabras claves para cualquier comunicador o periodista responsable de sus actos, palabras y escritos. Por un lado, el liderazgo tiene que ver con la influencia que se tiene para un sector del público lector u oyente, mientras que la reputación es la buena fama que se tiene para reforzar lo que se dice, hace o escribe en los medios de comunicación, sean tradicionales, alternativos o digitales.

El liderazgo supone compartir todo: sueños, ideas, propuestas, iniciativas, cargas, visiones, disciplinas y vida. Se habla algunas veces de una visión compartida, pero muchas veces eso no se cumple en la práctica.

Algo que debemos aprender del ahora llamado “coaching”, es que un excelente y buen coach no impone ni influencia en las personas o auditorio, sino que mediante ciertas técnicas comunicacionales genera que la misma persona encuentre sus soluciones y tome una decisión. El coach simplemente es más que un simple entrenador o facilitador. Usa las técnicas de la comunicación social, lo que redunda en una buena reputación.

Existe una concepción en la sociedad que el comunicador o periodista debe saberlo todo. Es una concepción equivocada. Ninguna persona debe ser “todista” (que todo lo sabe y todo lo hace). El comunicador no debe creerse que es la única persona que piensa. Tampoco que nada se hace bien, si no está su aporte. Al contrario, el comunicador o periodista maneja herramientas que hacen posible la transmisión de la información a un determinado público. Y eso, sí debe hacerlo bien.

Una persona que goza de buena reputación es prudente, tolerante y paciente que toma decisiones correctas que no perjudiquen a terceros, ni limiten sus derechos.

Aquí viene la visión de futuro, porque mediante su postura imagina los próximos escenarios como resultado de su proceder o experiencia. El comunicador reflexiona acerca de cómo su


Hacer lo contrario, actuar sin evaluar, es necedad, impaciencia, falta de tolerancia, enojo y hasta violencia. Un verdadero comunicador o periodista que influencia en los demás, está lejos de esas realidades.

La prudencia, la tolerancia y la paciencia son virtudes que caracterizan al comunicador que sabe discernir entre el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto. Se requiere cierta capacidad de análisis y ética para adoptar estas virtudes como estilo de vida. Muchas veces, hablar de estos temas parece hacerlo desde la perspectiva religiosa, pero no se necesita ser religioso para aprender ciertas cualidades.

Pareciera que una persona prudente está más cerca del cielo que del infierno, y sospecho que esta frase es verdad. En la historia vemos que con prudencia se evitaron guerras, muertes y actos de violencia, por el contrario, se lograron victorias y hasta se ganaron laureles.

Por su parte, en la reputación todas estas cualidades se trabajan y se aprenden, siempre y cuando las personas tengan valores y principios éticos. Demanda tiempo y esfuerzo. Se trata de trabajar en las vidas de las personas, en este caso se educa mediante los medios de comunicación. Ahora que todo el mundo usa redes sociales y muchas veces fungen de comunicadores, urge hacer un trabajo de pedagogía para demostrar que cualquiera no comunica, hacerlo requiere de ciertas técnicas. Cualquiera puede informar, pero cualquiera no educa, informa y entretiene, que son características del periodismo integral.

¿Se puede aprender a ser prudente, tolerante o paciente, en estos tiempos de competitividad y cambios bruscos en la sociedad global? Sí, si es posible. Demandará tiempo, convicciones por parte de quienes desean aprender y tomar buenas decisiones para convertirse en los nuevos líderes que nuestra sociedad necesita, incluyendo a los comunicadores.

CONSTRUCCIÓN SOCIAL

El comunicador o periodista construye en la sociedad. Al informar adecuadamente promueve el aprendizaje. ¿Por qué construye? Simplemente, porque edifica. La palabra “edificación” denota en sí: etapas, procesos, avances, etc. La construcción es una característica de la comunicación social.

Se construye algo que al principio no existe. Es decir, mediante un proceso inductivo se va aprendiendo en el camino. Obviamente, como todo proceso demandará de tiempo. Todas las personas (lectores, televidentes, radioescuchas, etc.) pueden aprender si se lo proponen, al margen de los caracteres o habilidades que se tenga.

Para algunos el aprendizaje será más fácil porque poseen algunas cualidades que desde niño lo aprendieron en el hogar. Otros no y, por lo tanto, demorarán.

También dependerá de la formación educativa y académica. La educación real se recibe en el hogar. La institución llamada “escuela” y que patrocina la “educación” sólo nos instruye y nos enseña materias, especialidades o habilidades. Por ejemplo. La escuela enseña cursos de matemáticas, comunicación, lenguaje o idiomas. También puede enseñar habilidades de cómo practicar mejor el fútbol o natación. Lo mismo ocurre con la música o el aprendizaje para tocar un instrumento musical, hacer teatro, aprender danzas folclóricas, cuidar mascotas, sembrar árboles, saber un segundo idioma o valorar mejor los deberes cívicos o ciudadanos como el derecho, civismo, ciudadanía, etc. El periodismo ayuda a formar  y reforzar todos esos valores que la escuela patrocina.

La comunicación social promociona en sus hechos, la verdad, la buena ética, respeto al prójimo, honestidad, solidaridad, etc.  Estas buenas prácticas y costumbres se aprenden en el camino, y son las personas que aprenderán estas cosas de los medios de comunicación. Por ejemplo, sabemos que más de la mitad de lo que se informa en las redes sociales son mentiras, precisamente, porque esos usuarios no saben manejar adecuadamente esas herramientas.

Se necesita volver a aprender, mejor dicho, a reaprender, o simplemente aprehender, en el sentido de adquirir conocimiento.

La historia política del mundo, especialmente de América Latina está llena de, dizque, “líderes” que lo único que han hecho y seguirán haciendo es beneficiarse ellos mismos. Recuerden, el líder comunicador construye, no destruye. Quien construye avanza, crece y se desarrolla.

Todo en la vida se puede aprender, pero si a ese aprendizaje, le sumamos algunos conocimientos y lo combinamos con una poco de experiencia, la fusión será algo muy buena.

Generalmente las personas eligen entre lo bueno y lo malo. Creo firmemente que todos, sin excepción, hemos llegado a este nivel: Elegir entre lo bueno y lo malo, y casi el 100% elige lo bueno. Eso se da por descontado, aunque en la práctica hacemos todo lo contrario, pero de labios decimos que hemos elegido lo bueno.

Pues bien, ahí estamos todos. Con el transcurrir del tiempo, ya estamos en el terreno de lo bueno y se nos presenta una disyuntiva: Elegir entre lo bueno y lo mejor. Dependiendo de varios factores elegiremos el camino a seguir. Se supone que lo mejor, es y será algo superior a lo bueno. Quienes eligen lo mejor tienen la decisión de ser mejores en los diversos ámbitos de la vida. Precisamente porque están en ese nivel es que se deben diferenciar del resto. Algunos ya se van diferenciándose de otros y eso nada tiene que ver con la posición, dinero o estatus social.

Con el tiempo, lo mejor va encaminando a las personas hasta llegar a otra disyuntiva: Ahora elegir entre lo mejor y la excelencia. Aquí el reto es mayor. Ya ser mejores supone una gran responsabilidad y disciplina. Elegir la excelencia es dar un paso adelante y diferenciarse del resto. Esa “posición” es muy notoria y no permite una doble moral. La persona es siempre igual en su vida privada como pública. La buena reputación está en ese nivel, y los comunicadores y periodistas deben aspirar llegar a ese nivel.

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