Existe
una concepción en la sociedad que el comunicador o periodista debe saberlo
todo. Es una concepción equivocada. Ninguna persona debe ser “todista” (que
todo lo sabe y todo lo hace). El comunicador no debe creerse que es la única
persona que piensa. Tampoco que nada se hace bien, si no está su aporte. Al
contrario, el comunicador o periodista maneja herramientas que hacen posible la
transmisión de la información a un determinado público. Y eso, sí debe hacerlo
bien.
Una
persona que goza de buena reputación es prudente, tolerante y paciente que toma
decisiones correctas que no perjudiquen a terceros, ni limiten sus derechos.
Aquí viene la visión de futuro, porque mediante su postura imagina los próximos escenarios como resultado de su proceder o experiencia. El comunicador reflexiona acerca de cómo su
Hacer
lo contrario, actuar sin evaluar, es necedad, impaciencia, falta de tolerancia,
enojo y hasta violencia. Un verdadero comunicador o periodista que influencia
en los demás, está lejos de esas realidades.
La
prudencia, la tolerancia y la paciencia son virtudes que caracterizan al comunicador
que sabe discernir entre el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto. Se
requiere cierta capacidad de análisis y ética para adoptar estas virtudes como
estilo de vida. Muchas veces, hablar de estos temas parece hacerlo desde la
perspectiva religiosa, pero no se necesita ser religioso para aprender ciertas
cualidades.
Pareciera
que una persona prudente está más cerca del cielo que del infierno, y sospecho
que esta frase es verdad. En la historia vemos que con prudencia se evitaron
guerras, muertes y actos de violencia, por el contrario, se lograron victorias
y hasta se ganaron laureles.
Por
su parte, en la reputación todas estas cualidades se trabajan y se aprenden,
siempre y cuando las personas tengan valores y principios éticos. Demanda
tiempo y esfuerzo. Se trata de trabajar en las vidas de las personas, en este
caso se educa mediante los medios de comunicación. Ahora que todo el mundo usa
redes sociales y muchas veces fungen de comunicadores, urge hacer un trabajo de
pedagogía para demostrar que cualquiera no comunica, hacerlo requiere de
ciertas técnicas. Cualquiera puede informar, pero cualquiera no educa, informa
y entretiene, que son características del periodismo integral.
¿Se
puede aprender a ser prudente, tolerante o paciente, en estos tiempos de
competitividad y cambios bruscos en la sociedad global? Sí, si es posible.
Demandará tiempo, convicciones por parte de quienes desean aprender y tomar
buenas decisiones para convertirse en los nuevos líderes que nuestra sociedad
necesita, incluyendo a los comunicadores.
El
comunicador o periodista construye en la sociedad. Al informar adecuadamente
promueve el aprendizaje. ¿Por qué construye? Simplemente, porque edifica.
La palabra “edificación” denota en sí: etapas, procesos, avances, etc. La
construcción es una característica de la comunicación social.
Se
construye algo que al principio no existe. Es decir, mediante un proceso
inductivo se va aprendiendo en el camino. Obviamente, como todo proceso demandará
de tiempo. Todas las personas (lectores, televidentes, radioescuchas, etc.) pueden
aprender si se lo proponen, al margen de los caracteres o habilidades que se
tenga.
Para
algunos el aprendizaje será más fácil porque poseen algunas cualidades que
desde niño lo aprendieron en el hogar. Otros no y, por lo tanto, demorarán.
También
dependerá de la formación educativa y académica. La educación real se recibe en
el hogar. La institución llamada “escuela” y que patrocina la “educación” sólo
nos instruye y nos enseña materias, especialidades o habilidades. Por ejemplo.
La escuela enseña cursos de matemáticas, comunicación, lenguaje o idiomas.
También puede enseñar habilidades de cómo practicar mejor el fútbol o natación.
Lo mismo ocurre con la música o el aprendizaje para tocar un instrumento
musical, hacer teatro, aprender danzas folclóricas, cuidar mascotas, sembrar árboles,
saber un segundo idioma o valorar mejor los deberes cívicos o ciudadanos como
el derecho, civismo, ciudadanía, etc. El periodismo ayuda a formar y reforzar todos esos valores que la escuela
patrocina.
La
comunicación social promociona en sus hechos, la verdad, la buena ética,
respeto al prójimo, honestidad, solidaridad, etc. Estas buenas prácticas
y costumbres se aprenden en el camino, y son las personas que aprenderán estas
cosas de los medios de comunicación. Por ejemplo, sabemos que más de la mitad
de lo que se informa en las redes sociales son mentiras, precisamente, porque
esos usuarios no saben manejar adecuadamente esas herramientas.
Se
necesita volver a aprender, mejor dicho, a reaprender, o simplemente
aprehender, en el sentido de adquirir conocimiento.
La
historia política del mundo, especialmente de América Latina está llena de,
dizque, “líderes” que lo único que han hecho y seguirán haciendo es
beneficiarse ellos mismos. Recuerden, el líder comunicador construye, no
destruye. Quien construye avanza, crece y se desarrolla.
Todo
en la vida se puede aprender, pero si a ese aprendizaje, le sumamos algunos
conocimientos y lo combinamos con una poco de experiencia, la fusión será algo
muy buena.
Generalmente
las personas eligen entre lo bueno y lo malo. Creo firmemente que todos, sin
excepción, hemos llegado a este nivel: Elegir entre lo bueno y lo malo, y casi
el 100% elige lo bueno. Eso se da por descontado, aunque en la práctica hacemos
todo lo contrario, pero de labios decimos que hemos elegido lo bueno.
Pues
bien, ahí estamos todos. Con el transcurrir del tiempo, ya estamos en el
terreno de lo bueno y se nos presenta una disyuntiva: Elegir entre lo bueno y
lo mejor. Dependiendo de varios factores elegiremos el camino a seguir. Se
supone que lo mejor, es y será algo superior a lo bueno. Quienes eligen lo
mejor tienen la decisión de ser mejores en los diversos ámbitos de la vida.
Precisamente porque están en ese nivel es que se deben diferenciar del resto.
Algunos ya se van diferenciándose de otros y eso nada tiene que ver con la
posición, dinero o estatus social.
Con
el tiempo, lo mejor va encaminando a las personas hasta llegar a otra
disyuntiva: Ahora elegir entre lo mejor y la excelencia. Aquí el reto es mayor.
Ya ser mejores supone una gran responsabilidad y disciplina. Elegir la excelencia
es dar un paso adelante y diferenciarse del resto. Esa “posición” es muy
notoria y no permite una doble moral. La persona es siempre igual en su vida privada
como pública. La buena reputación está en ese nivel, y los comunicadores y
periodistas deben aspirar llegar a ese nivel.



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